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Secretaria de Extension Universitaria y Cultura

Derecho a la alimentación

Manos que contienen semillas
Soberanía Alimentaria y Agricultura Familiar fue el tema abordado en el encuentro que organizó la Facultad de Ciencias Agropecuarias de nuestra Universidad, conjuntamente con la Secretaría de Agricultura Familiar, el INTA, el Municipio de Oro Verde, el Centro de Estudiantes de esa Facultad y el Ministerio de Planeamiento de Entre Ríos. Entre los disertantes estuvo *Myriam Gorban, referente de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Nutrición de la UBA, quien abordó la problemática en la producción de alimentos y la calidad de los mismos.
UNER NOTICIAS dialogó con la profesional sobre la problemática alimentaria., que llegaba de participar de las Jornadas sobre Bromatología y Nutrición en Gualeguaychú "vengo de esa linda ciudad, donde se desarrollaron las Jornadas Regionales de Bromatología y Nutrición y en las que tuve el honor de realizar el lanzamiento de la Cátedra de Soberanía Alimentaria".

-¿Qué entendemos cuando hablamos sobre derecho a la alimentación?
Vinculamos el derecho a la alimentación, a la seguridad y soberanía, como única garantía de que se pueda cumplir ese derecho. Esto exige la calidad e inocuidad de los alimentos, como también las garantías que el Estado debe dar al  acceso a una alimentación saludable e inocua. Todas estas son resoluciones de un Estado que tiene que tener soberanía política y económica para tener soberanía alimentaria.

-¿Cómo garantizar ese derecho?
Si no hay empleo, salarios dignos y precios justos, no podemos garantizar derechos. Estamos en un país donde se produce exclusión y no inclusión, donde se mantienen las desigualdades y las situaciones inequitativas, con núcleos duros de pobreza que no son fáciles de resolver.

-¿Definimos Soberanía Alimentaria?
El término parte de la Cumbre Mundial de la Alimentación de la FAO en Roma, en 1996. Es un término que tiene mucho alcance político, desarrollado por Vía Campesina, son ellos los que traen la acepción. Estuve ahí en representación de los nutricionistas argentinos. La soberanía alimentaria está estrechamente vinculada con la soberanía económica y con la soberanía política. La soberanía política y la económica son fundamentales para garantizar la soberanía alimentaria. Una sin la otra no funciona. La seguridad está en la capacidad de cada país de determinar qué, cómo y cuánto produce para resolver en primerísimo lugar la alimentación de su propia población con equidad. Luego el excedente se comercializa o se exporta. (continúa).

-¿Y con respecto a la seguridad alimentaria?
El  tema seguridad está asociado al origen y al procesamiento que hacen a la calidad comercial de los alimentos. Actualmente, existe un alerta respecto a la epidemia de enfermedades crónicas no transmisibles, como obesidad, diabetes e hipertensión, entre otras. Todo esto como consecuencia del alto consumo de productos procesados y el sedentarismo. Además, en algunos países del mundo hay una creciente preocupación por enfermedades derivadas del consumo de alimentos transgénicos, comercializados por nuestro país. Existen más de 1.000 productos transgénicos en las góndolas de los supermercados, como las sopas instantáneas, gaseosas y barras de cereales, entre otros.

-¿Que sugerencias tiene con respecto al consumo actual?
Tenemos que volver a “la mesa”, sentarnos a comer, elaborar los alimentos en casa, evitar los supermercados, como también comprar en los comercios cercanos y del barrio.

-En el cierre de su publicación sobre Seguridad y Soberanía Alimentaria, realiza un repaso sobre las diversas etapas culturales de los pueblos…
Precisamente, porque considero que históricamente la alimentación esta en relación directa con la posibilidad de su acceso de acuerdo a las relaciones de producción de cada momento histórico y por ende de las relaciones económicas y sociales que lo determinan. Es posible rescatar hoy lo consensuado en distintas reuniones internacionales en lo que hace a definir conceptos tales como Derecho Humano a la Alimentación, Seguridad Alimentaria y Soberanía Alimentaria, este último en especial, que tiene plena vigencia en la actualidad, donde la boca de los cañones impone en el mundo su propia cultura, arrasando la de pueblos milenarios que la han preservado hasta el presente.

-¿Qué alimentos se vienen perdiendo en su utilización desde hace tiempo?
El maíz, la papa, el tomate, el cacao y tantos otros, caminan hoy como base de la alimentación de otros pueblos y también del nuestro. Muchos de esos productos se han perdido en el camino o han quedado reducidos, en su uso, a los pueblos originarios. En tanto, los europeos, con la colonización, nos trajeron el ganado bovino, la agricultura, los cultivos industriales y las hortalizas entre otros. La multiplicación, por centenares de miles, del ganado en nuestras pampas y su enorme disponibilidad, han hecho de la carne la base de nuestra alimentación.
Algunos cereales, en especial el trigo, nos incorporan a la cultura de los pueblos ricos que consumen este cereal y sus derivados, parte esencial también de nuestra base alimentaria. En las zonas urbanas y en especial en las grandes ciudades de nuestro país, el trigo ha sustituido al maíz, cuya cultura ancestral se conserva en el resto de América. El té y el café lo trajeron los ingleses y disputaron el espacio de la yerba mate que conocieron los jesuitas y tuvieron gran aceptación en el sur del continente.

-¿Cuál es la realidad actualmente sobre el alimento para nuestra población?
Pese a todos los adelantos técnicos que nos asisten, parte de nuestra población que no alcanza a cubrir con sus ingresos la Canasta Básica de Alimentos, que está en la pobreza o en la indigencia, utiliza hoy primitivos métodos de cocción y, aún con la diversidad de alimentos y productos que ofrece el mercado, las dificultades de acceso a los mismos fue limitando cada vez más esa diversidad, logrando que la alimentación cotidiana sea cada vez más rutinaria, más industrializada, primando sobre la selección y adquisición de alimentos su valor económico, y no sus valores nutricionales, sociales y culturales.

-¿Qué consecuencias trajo el cultivo de la soja en la cadena de producción?
A partir de mediados de los 90, el desarrollo del monocultivo para producir forraje destinado a la exportación, la soja, liquida nuestra biodiversidad, generó daños ecológicos ya comprobados y, en pos de mayores ganancias, se cerraron tambos, se dejó de producir leche y derivados, se redujo la producción de otros cereales, de papas, de legumbres, así como la disminución de la cría del ganado, tanto vacuno como ovino. Con el apoyo de los medios de difusión y cursos de capacitación, se enseñaba a los pobres a utilizar el alimento maravilloso, la soja. La misma que se donaba como parte de un programa denominado Soja Solidaria que, utilizando lo que denominamos publicidad engañosa, decía que reemplaza a la leche y la carne.  La acción de promover el consumo de un alimento que se produce para el ganado europeo, asiático y de otros países, como es la soja forrajera, que además es transgénica, altera no solo el patrimonio alimentario que nos pertenece, sino según recomendaciones científicas, es inconveniente para la alimentación de los niños menores de cinco años, por su contenido en antinutrientes y fitoestrógenos, y está expresamente prohibida para menores de dos años.

-A partir de ello, ¿la sociedad inicia un camino de vuelta a sus orígenes alimentarios?
La situación creada hizo que en el momento de la crisis, hayan surgido iniciativas creadoras para acceder a un plato de comida como parte de la resistencia popular. Pudimos ver asambleas vecinales, que abren y rescatan espacios, creando merenderos y comedores para desocupados, ancianos y niños; distintas organizaciones desarrollaron colectivamente modalidades de elaboración de alimentos, algunas seculares, otras más avanzadas y de carácter ecológico. Se desarrollan huertas familiares y comunitarias, panaderías, elaboran dulces y regresan a las formas artesanales en conservación de alimentos. Los pequeños productores de algunas provincias, como es el caso de Misiones y Corrientes, donde, por efectos de distintas corrientes migratorias, se produce una gran diversidad de alimentos, se organizan en ferias populares y establecen formas directas de comercialización entre productores y consumidores.

-Luego de  este trayecto que marca etapas fundamentales en la producción de nuestro país, ¿a qué conclusiones arriban?
Resulta indispensable plantearse la formulación de una Política Alimentaria que distribuya equitativamente los bienes que producimos, que garantice el Derecho Humano a la Alimentación, a la Seguridad Alimentaria y, sobre todo, la Soberanía Alimentaria de este país que amamos. Estas garantías darán lugar al rescate, al respeto y la preservación del patrimonio cultural alimentario que nos pertenece y que por su variedad, por su disponibilidad, por su sustentabilidad está en condiciones de cumplir el objetivo fijado en la Cumbre de Roma que es Ganancias para pocos o Alimentos para todos.

Referido a nuestra cultura alimentaria:
Venía la carne con cuero
la sabrosa carbonada
Mazamorra bien pisada,
Los pasteles, el buen vino
Pero ha querido el destino
Que todo aquello acabara (Martín Fierro)

*Licenciada en Nutrición (UNC); ha sido miembro del Secretariado Ejecutivo de la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (FAGRAN); ex Secretaria de la Confederación General de Profesionales (CGP) y Directora de la Confederación Latinoamericana del Caribe de Asociaciones de Profesionales Universitarios (CLAPU). Vicepresidenta de Médicos del Mundo; Coordinadora de la Comisión de Soberanía Alimentaria del CCSC (Consejo Consultivo de la Sociedad Civil) de la Cancillería Argentina. Disertante en reuniones científicas de la especialidad y en jornadas, foros y reuniones comunitarias. Autora de Seguridad y Soberanía Alimentaria (Cártago, 2009).

Contacto: Dra. Myriam Gorban  myriamgorban@yahoo.com.ar