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Determinantes de la Salud

un mosquito portador
Francisco Chesini, egresado de la Facultad de Ciencias de la Salud, quien actualmente se desempeña en el Departamento de Salud Ambiental del Ministerio de Salud de la Nación, analizó para UNERNOTICIAS las consecuencias del Cambio Climático en la salud de la población.

-¿Sobre qué  ejes trabajan dentro del Departamento de Salud Ambiental?
Las actividades se desarrollan en la Dirección Nacional de Determinantes de la Salud e Investigación, a cargo del Dr. Ernesto de Titto y trabajamos en base a los factores ambientales. En mi caso, uno de los temas  es Cambio Climático y Salud. Nuestro trabajo en salud ambiental está orientado a identificar los peligros, conocer los riesgos y proponer medidas y actividades para evitar, o al menos reducir, el impacto sobre la salud humana de la mala calidad o la mala gestión del agua, el aire, los residuos, las sustancias químicas, las causas de intoxicaciones, las condiciones de trabajo capaces de afectar la salud de los trabajadores y el cambio climático.

-El Fenómeno de El Niño afecta intensamente a nuestro territorio por estos tiempos…
El Fenómeno de El Niño que está afectando a nuestro país, ha sido responsable de las inundaciones sufridas en el Litoral, pero también ha generado condiciones ambientales propicias para la proliferación de mosquitos (Aedes aegypti) que propaga enfermedades como Dengue, Chikungunya y Zika. Las condiciones meteorológicas -altas temperaturas y frecuentes precipitaciones- son indispensables para el desarrollo de estos mosquitos que actúan como vectores, transmitiendo la enfermedad de una persona enferma a una sana. (continúa)

Acerca del Clima y la Salud
Es sabido que las condiciones climáticas influyen sobre la salud humana. La existencia de enfermedades estacionales, por ejemplo, se explica por la forma en que algunas variables meteorológicas generan condiciones para el desarrollo de microorganismos o de los vectores que los propagan. El quinto informe del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, concluyó que la temperatura promedio del planeta se ha incrementado en 0,85°C en el período 1880 – 2012, a raíz de ello la atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido y el nivel del mar se ha elevado.

Factores negativos inciden en la salud poblacional.
Las olas de calor: crecen en frecuencia e intensidad en gran parte de nuestro territorio. Los principales impactos sobre la salud de las olas de calor son el aumento de la morbi-mortalidad general y en particular por patologías cardiovasculares, respiratorias, insuficiencia renal y por deshidratación; siendo los grupos vulnerables el sexo femenino y los mayores de 65 años.

Enfermedades vectoriales: el aumento en las precipitaciones y la temperatura influye sobre los vectores -insectos- transmisores de enfermedades, por un lado las precipitaciones generan acumulaciones de agua que sirven como hábitat para los primeros estadios de desarrollo del vector (huevo y larva), mientras que la temperatura elevadas activa los ciclos de reproducción de los insectos y disminuyen el período de maduración de los patógenos en su interior. Ejemplo de enfermedades vectoriales sensibles al clima son Dengue, Malaria, Chikungunya y Leishmaniasis.

Radiación Solar UV:
la exposición a la radiación solar ultravioleta tiene consecuencias en la salud, y el daño por sobre exposición está ampliamente demostrado. La consecuencia más grave es el desarrollo de cáncer de piel con la probabilidad de muerte en casos de diagnóstico y tratamiento tardío. La mortalidad por cáncer de piel en nuestro país en los últimos 30 años muestra una tendencia creciente en las tasas, observándose mayor ocurrencia en las personas mayores de 60 años y en el sexo masculino.

-¿De qué manera trabajan interinstitucionalmente la problemática?
Para lograr minimizar los impactos del cambio climático sobre la salud de la población, estamos trabajando sobre ejes tales como  generar  evidencia, dado que existen relativamente pocos estudios acerca de los efectos del clima sobre la salud de la población argentina para poder planificar acciones de prevención en salud pública. Como todos los fenómenos ambientales que afectan la salud, el estudio de la relación entre clima y salud lo abordamos trabajando intersectorialmente con otras instituciones como Servicio Meteorológico Nacional, Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Comisión Intergubernamental de Salud Ambiental y del Trabajador de MERCOSUR, entre otros. 

Evaluación de la vulnerabilidad
Los impactos del cambio climático están produciendo -y aumentarán- importantes vulnerabilidades sociales y económicas en la Argentina, incluso al punto de crear barreras adicionales a la materialización de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Es que una gran parte de la Argentina es vulnerable a eventos climáticos e hidrológicos extremos como consecuencia del desajuste entre el uso del espacio, la infraestructura y el ambiente natural. Esta vulnerabilidad ha ido aumentando como consecuencia de los cambios en las condiciones climáticas e hidrológicas que han tenido lugar en los últimos 30 años y que, probablemente, continuarán evolucionando en el marco del cambio climático global. El proceso de adaptación para minimizar los perjuicios de estos cambios y, eventualmente, optimizar posibles beneficios, requiere de la reducción sustancial de las incertidumbres sobre los cambios climáticos, del conocimiento como estos cambios derivan en modificaciones de los sistemas físicos como el hidrológico y los glaciales, así como los socio económicos, como los de los oasis del piedemonte de los Andes, la agricultura y los sistemas hídricos del Litoral, entre otros.

Las mayores vulnerabilidades proyectadas en la Argentina para el periodo 2020/2040 son:
-El retroceso de los caudales de los ríos de la Cuenca del Plata debido al aumento de la temperatura. 
-El aumento del estrés hídrico en todo el norte y oeste del país debido a la misma causa.
-Potencial crisis del agua en Mendoza, San Juan y Comahue. 
-Continuación de la alta frecuencia de precipitaciones intensas e inundaciones en las zonas actualmente afectadas. 
-Continuación del retroceso de los glaciares. 
-Afectación de algunos puntos del litoral marítimo y de la costa del Río de la Plata por el aumento del nivel del mar.
Como se observa las principales vulnerabilidades señaladas se refieren también a cuestiones vinculadas con sistemas físicos o hidrológicos, casi sin referencias a la problemática de la salud derivada de los impactos del cambio climático. La vulnerabilidad natural es una función de la exposición y susceptibilidad a los efectos de un determinado proceso biofísico, en este caso, los cambios en las condiciones climáticas e hidrológicas. (“Perfil de país sobre cambio climático y salud. Argentina”)

El dengue en Argentina
“En 1916 se produjo el primer brote conocido de dengue en nuestro país, introducido desde Paraguay y que afectó las provincias de Corrientes y Entre Ríos. Durante ochenta y dos años la enfermedad desapareció de Argentina, si bien a partir de los años setenta causó importantes brotes en el Caribe y Centro América. En 1998 un brote epidémico en la región del chaco salteño, con epicentro en la ciudad de Tartagal, por serotipo DEN 2, causó varios cientos de casos, todos de dengue clásico. Todo indicó que la introducción del virus se había operado desde Bolivia. En 1998 se diagnostica el primer paciente proveniente de Venezuela. A partir de diciembre de 1999 y hasta mayo de 2000, el Hospital FJ Muñiz asistió más de 50 casos de dengue clásico causados por el serotipo DEN 1. Estos fueron en su totalidad importados de Paraguay, que en ese momento sufría una extendida epidemia de dengue clásico. En la frontera Noroeste comenzaron a circular otros serotipos además del DEN2: el DEN1 y el DEN3, con brotes epidémicos reducidos, hasta que en 2004 un brote extendido se produjo en las ciudades del chaco salteño (Salvador Maza, Orán, Tartagal, Embarcación, Aguaray y Pichanal) con miles de casos a DEN3. En ese mismo año y como consecuencia de la epidemia de Salta, una comunidad del oeste formoseño, denominada Ingeniero Juárez, compuesta en gran proporción por aborígenes de la etnia wichi, fue afectada por dengue. Un estudio constató que el 60% de esa población había sido infectada, y que una localidad de Salta (La Unión) presentaba una tasa de incidencia superior al 30%, lo cual indica el potencial epidémico del virus dengue.

La situación en la frontera noroeste se agravó en 2006 por las inundaciones que sufrió Tartagal. Tanto en el noroeste argentino, como en Iguazú (provincia de Misiones), en forma concomitante se produjeron brotes de paludismo y de dengue: en el chaco salteño 55 casos de dengue y 96 de paludismo y en Iguazú 90 de dengue y 13 de paludismo. En este último lugar los casos fueron en su mayoría importados por el gran tránsito de personas en la denominada “Triple Frontera”. A mediados de diciembre de 2007, las autoridades de Paraguay informaron casos de dengue en la ciudad de Asunción, lo que se transformó rápidamente en una epidemia de magnitud. Como había sucedido en 2006 el serotipo era DEN3. Es probable que se introdujera desde Brasil a través del Estado de Mato Grosso. La población de Asunción que estuvo expuesta a DEN 1 en 1999-2000, ante el nuevo serotipo DEN3, volvió a quedar expuesta a presentar DH, como efectivamente sucedió. Este hecho marca una inflexión en la historia del dengue en la región, habida cuenta que es la primera vez que Paraguay presenta esta forma clínica.

Es de destacar que entre fines de 2006 y 2007 hubo influencia del Fenómeno del Niño, que produjo precipitaciones abundantes, a diferencia del período 2003-2006 con bajo nivel de lluvias. Debido a la situación epidémica en Paraguay, se consideran las provincias argentinas limítrofes como de alto riesgo, especialmente Formosa, donde pese a las intervenciones tanto de la Nación, de la Provincia y sus municipios y de ONGs que vienen trabajando desde hace varios años en el control vectorial, los índices de abundancia de Aedes aegypti siguen lo suficientemente altos para que se produzca un brote autóctono. Toda la región norte de Argentina debe considerarse entonces en “alerta rojo”.

La situación en el Área Metropolitana de Buenos Aires es, comparada con los escenarios anteriores, de menor riesgo. Sin embargo, situaciones climáticas como las atribuidas al cambio climático global, pueden transformar en pocos años, zonas de bajo riesgo en regiones con transmisión autóctona” (Dr. Alfredo Seijo, docente de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UBA)

Nota: el Cambio climático es un fenómeno que llegó para quedarse. Por ello la única clave es la adaptación del sistema de salud a nuevos escenarios, a partir de la mejora en la cobertura de la asistencia sanitaria, la prevención y la vigilancia epidemiológica ambiental. En un próximo artículo de UNER NOTICIAS, se abordarán “Las enfermedades de origen hídrico”, uno de los temas presentado en CONAGUA 2015 que mantiene estrecha relación con la problemática aquí detallada.

Contacto: Lic. Francisco Chesini  fran.chesini@gmail.com www.msal.gob.ar

Publicado: 17-02-2015